martes, 12 de marzo de 2013

El caudillo venezolano


La imagen de Nicolás Maduro nos recuerda al mes de noviembre de 1975, cuando un solitario hombre vestido de negro con dos micrófonos y medio vaso de agua aparecía en Televisión Española, entrecortado por la emoción, anunciando la muerte del dictador. Maduro vestía todo de blanco. Tenía enfrente un atril y atrás y a los dos lados a varias personas, la mayoría militares. “A las cuatro y veinticinco de la tarde, hoy 5 de marzo ha fallecido el Comandante Presidente Hugo Chávez Frías…” Entonces le quebró la voz y suspendió momentáneamente su discurso.

Son momentos memorables en la historia de España y Venezuela. El paralelismo es inevitable. Se trata de políticos poderosos, ambos de origen militar, golpistas y populares, que marcaron una etapa en sus respectivos países. Sin embargo, las diferencias también resultan importantes. Franco fue un golpista exitoso, un dictador apocado que nunca contó con las urnas, con poco peso internacional y de ideología fascista. Chávez fue un golpista fracasado, que logró en varias elecciones el poder que le negaron las armas. Su influencia internacional fue importante y se proclamó socialista y libertador. Chávez ha sido un Caudillo más, que ha sabido con su personalidad buscar siempre un culpable de todo, y manejar a su antojo los medios de comunicación del país.


Al morir Franco pensó que había dejado el régimen atado, y bien atado. Chávez también lo creyó al proclamar a Maduro como su sucesor, pero al final la democracia siempre debe de acabar imponiéndose. La historia y el pueblo siempre tienen la última palabra, ellos no.

martes, 5 de marzo de 2013

Ingovernabile Italia


A pesar de colocarse como el favorito, el líder de la coalición de la centroizquierda italiana, Pier Luigi Bersani, consigue una ajustada y amarga victoria en las elecciones generales de Italia, haciéndose con la mayoría en la Cámara de Diputados. Sin embargo, a Bersani no le valdrá esto para gobernar. El triunfo de Berlusconi en el Senado y el desastre de la coalición centrista de Mario Monti, le dejan como única opción de controlar el senado aliarse con el cómico antisistema Beppe Grillo. Este último, que ha supuesto la revolución de la política italiana, se opone tajantemente a pactar con los grupos políticos, lo que deja lleno de borrones el resultado final del nuevo gobierno. 
Italia esta sentenciada a una segunda vuelta, en la que el pueblo se decante de una manera más uniforme y concentrada por uno de los líderes políticos, o no tan políticos. En ella, la gente no tendría que votar entre los 51 candidatos de la semana pasada, solo decidirse entre dos, lo que daría un resultado hacia un lado u otro con mayoría asegurada.  Sin embargo, lo que si es cuestionable es el voto de los ciudadanos italianos, mandando a su Parlamento a personas como Berlusconi o Grillo. Por un lado, el cómico del 25 % de voto tendrá mucho carácter y será muy reivindicativo, pero tanto él como su equipo no tienen ninguna base para legislar ni llevar un país tan importante como es Italia, que debe afrontar actualmente graves problemas económicos. Y por el otro lado, Il Cavaliere Berlusconi que sigue recibiendo el suficiente apoyo para continuar mintiendo con tal de preservar sus intereses más personales. Apoyo del que disfruta gracias a la tradicional Italia de derechas, y a la pésima actual izquierda, más de izquierdas que nunca.