A pesar de colocarse como el
favorito, el líder de la coalición de la centroizquierda italiana, Pier Luigi
Bersani, consigue una ajustada y amarga victoria en las elecciones generales de
Italia, haciéndose con la mayoría en la Cámara de Diputados. Sin embargo, a Bersani no le
valdrá esto para gobernar. El triunfo de Berlusconi en el Senado y el desastre
de la coalición centrista de Mario Monti, le dejan como única opción de
controlar el senado aliarse con el cómico antisistema Beppe Grillo. Este último,
que ha supuesto la revolución de la política italiana, se opone tajantemente a
pactar con los grupos políticos, lo que deja lleno de borrones el resultado
final del nuevo gobierno.
Italia esta sentenciada a una segunda vuelta, en la
que el pueblo se decante de una manera más uniforme y concentrada por uno de
los líderes políticos, o no tan políticos. En ella, la gente no tendría que votar
entre los 51 candidatos de la semana pasada, solo decidirse entre dos, lo que
daría un resultado hacia un lado u otro con mayoría asegurada. Sin embargo, lo que si es cuestionable es el
voto de los ciudadanos italianos, mandando a su Parlamento a personas como
Berlusconi o Grillo. Por un lado, el cómico del 25 % de voto tendrá mucho carácter
y será muy reivindicativo, pero tanto él como su equipo no tienen ninguna base
para legislar ni llevar un país tan importante como es Italia, que debe
afrontar actualmente graves problemas económicos. Y por el otro lado, Il Cavaliere
Berlusconi que sigue recibiendo el suficiente apoyo para continuar mintiendo
con tal de preservar sus intereses más personales. Apoyo del que disfruta
gracias a la tradicional Italia de derechas, y a la pésima actual izquierda,
más de izquierdas que nunca.
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