miércoles, 24 de abril de 2013

Derecho a ser escrache


En pleno clima de descontento social ante la clase política, llega a nuestro país la práctica de los escraches latinoamericanos como forma de manifestación pacifica con el fin de defender los derechos humanos. La diferencia entre los escraches y el resto de protestas radica en que este nuevo método realiza su acción directa en el propio domicilio o lugar de trabajo de los políticos. Esto supone una manifestación que a pesar de ser pacifica, resulta molesta y problemática para los afectados, y que además pone en jaque la cuestión sobre la decencia o no de esta práctica.

Algunos miembros de los grandes partidos políticos, sobre todo del grupo parlamentario que ocupa la presidencia en este momento, ya han declarado su total disconformidad ante estas molestas manifestaciones. Es lícito que den su opinión y que puedan sentir horror al ver a los escraches cerca de sus hogares, pero llegar a definirlos como organizaciones filoetarras, o de carácter nazi es un horrible intento de deslegitimar algo que es totalmente legítimo. Las manifestaciones no violentas en torno a domicilios privados están totalmente reconocidas por el derecho internacional, por lo que este tipo de ataques por parte de los parlamentarios contra los colectivos que luchan por sus derechos no pueden permitirse. Cualquier protesta de forma correcta es un derecho de todos, innegable, por lo que no necesita justificación. A la clase política no le queda más remedio que hacer frente a las duras críticas de la opinión pública y aceptarlas para intentar solventar el descontento por el que producen.

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